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domingo, 27 de marzo de 2011

el 5 es una confesión

Cuantas cosas que no teníamos de empezar a tomar chocolate caliente. Tengo una meta: es terminar de usar este pequeño lapicito, que empezó siendo largo y elegante, y creo que vino todo el camino desde Suiza, al menos eso imagino yo. Y como que me creo que es un lápiz mucho mejor, porque tengo en realidad un poco como esas señoras grandes que piensan como que si es de afuera es mejor, y que debe ser caro y casi hasta creo que de noche viene y dibuja sólo hermosos dibujos que después le vende a un chaboncito de la plaza y que los pone en cuadritos y los vende por eso yo nunca los veo los dibujos hermosos. Por eso tengo así como eso de vieja, pero como todos vamos aprendiendo no lo muestro mucho, o mas bien a gente que no se que onda. Pero estaba pensando que medio que si lo escribo medio que ya la cagué eso de no ventilar mi adoración pequeña extranjerizadora, bueno pero es lápiz, capaz se borre, capaz no dure y nadie llegue a verlo.

(lo escribí con un lápiz en una hoja, hace un año ponele, y ahora lo pasé a la compu, y así la gente no va que viene y lo lee y sabe...entonces sabeeeee...que valiente me estoy poniendo)

2 comentarios:

  1. O sea, me parece re bien todo salvo lo de la industria nacional, que se recupera re de a poco y con un re esfuerzo y ahí venís vos con tus euro duendecitos faber (porque obviamente acá no hay ningún jovi castels) y me parecería re meritorio y redentor que le dieras un lugarcito en tu blog a miles de productos que asoman desde el horizonte productor criollo y corren raudos a la aduana para exportarse bajo etiqueta premium. ¿E? ¿Jovi es española? Bueno, no sé, fijate, usa una birome... o un colectivo.

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  2. nadie se termina los lápices.
    pasa que al achicarse pierden agarrabilidad.
    y pierden también potencia fálica.
    sí. me oyeron bien.
    a ninguna chica le gusta que le regalen un lapicito todo sacado punta.
    por lo menos así lo pude comprobar yo, cuando en 2do grado le quise regalar a la nueva compañerita, Rosana Fasano, como símbolo de mi buena predisposición para con ella, mis mejores y duraderos ejemplares.
    Y ella con leve desprecio y sin girar para verme me dijo "no gracias, yo ya tengo los míos" mientras acariciaba esos largos palos alemanes.

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